jueves, 8 de marzo de 2007

Menos comunicación y más creación

Con ustedes, Deleuze en un texto que encuentro resume muy bien mi propia postura. La verdadera comunicación sólo se da en casos muy raros, en el resto, dos hablan alternativamente usando las mismas palabras pero de manera estéril:

"Es que ni ustedes ni yo tenemos razón, ¿comprenden? no es que yo tenga razón cuando digo: eso para mi va de si, y eso otro no va de si. Y para ustedes es lo inverso, pero eso quiere decir algo muy importante. De todas maneras la gente no puede escucharse, unos no pueden escuchar a ninguno, esa es la única igualdad de quien habla y quienes escuchan. La gente sólo puede escucharse una a otra si tienen un mínimo de armonía, de comprensión, implícita; es decir una manera común de plantear los problemas. Si no planteamos los problemas de la misma manera, no vale la pena escucharse, es como si uno hablara chino y el otro inglés, sin saber las lenguas. Por eso nunca he considerado que un estudiante no tenga la razón si no viene a escucharme. Solo puede venir a escucharme si tiene, por si mismo, por ese misterio que es la afinidad, una cierta manera común de plantear los problemas.P uede muy bien suceder que después de dos veces ustedes digan: ¿pero, de qué nos habla ese tipo? Si ustedes tienen ese sentimiento, eso no quiere decir nada ni contra mi ni contra ustedes, eso quiere decir, para emplear una palabra complicada, que sus problemáticas no pasan por las mías.

Cuando se dice que los filósofos nunca están de acuerdo, es algo que siempre me ha golpeado porque yo creo que la filosofía, mucho más que las ciencias, es una disciplina de la coherencia absoluta. Cuando se dice que dos filósofos no están de acuerdo, nunca es porque den dos respuestas diferentes a una misma cuestión, es porque no plantean el mismo problema. Simplemente como nunca podemos decir el problema que planteamos puesto que yo no puedo resolver algo, y decir el problema que estoy resolviendo. Son dos actividades diferentes. Entonces, el problema siempre es lo implícito. Yo tendría a bien decir, a grosso modo, he aquí cual es el problema, sería necesario siempre que ustedes sientan algo más allá, y ese sentir algo más allá es lo que hace que la gente se entienda o no se entienda, entonces si no tenemos una manera un poco común de plantear los problemas, entonces no hay nada. Hablar quiere decir que cada uno se expresa. Es lo contrario de la filosofía. Hay un bello texto de Platón, en un dialogo con Sócrates donde Sócrates dice: es curioso lo que pasa, hay asuntos sobre los cuales nadie se atreve a hablar, a menos de ser competente, por ejemplo sobre la fabricación de calzado, o sobre la metalurgia. Y después hay una masa de asuntos de los que todo el mundo se cree capaz de tener un punto de vista. Es un buen tema socrático, y, he ahí, esta masa de asuntos sobre los que todo el mundo cree poder tener un punto de vista y que, entonces se agita particularmente antes o después de la cena, o durante la cena: ¿qué piensas de eso, cual es tu punto de vista? Eso cubre lo que se llama filosofía. Bien, la filosofía es la materia de la que todo el mundo tiene una opinión. Saber si Dios existe, de eso se puede hablar en el momento del postre. Saber si Dios existe, sobre una pregunta como ésta todo el mundo tiene un punto de vista, cada uno tiene algo que decir. Al contrario, acerca de la fabricación de calzado, aquí somos más prudentes, porque tememos decir tonterías. Pero sobre Dios no se teme decir una tontería; esto es, por lo menos, curioso. Sócrates ha captado, en la aurora de la filosofía, ha captado algo que era perfecto. ¿Por qué? Si comprendemos esto, comprendemos todo.

¿Qué es la filosofía? La filosofía es algo de lo que tu dices de entrada: ahí no te expresas. Ahí tú no te expresas. El último año yo hablaba de esos llamados que eran el único lado despreciable de 1968: exprésate, exprésate, toma la palabra. Mientras que no nos damos cuenta, una vez más, que las fuerzas más diabólicas, son las fuerzas que incitan, que nos incitan a expresarnos. Esas son fuerzas peligrosas. Consideren la tele, no nos dice: ¡cállate!, nos dice continuamente : cuál es su punto de vista, cuál es vuestro punto de vista, cuál es vuestro punto de vista sobre esto, cuál es tu punto de vista sobre la inmortalidad del alma, sobre el genio de Pívot, sobre la popularidad de Maurois, etc… entonces es necesario expresarse. Se ordenará su barrio, se tendrá un cuaderno de cargos, todo eso. Digo que es un peligro, un inmenso peligro. Es necesario resistir a esas fuerzas que nos fuerzan a hablar cuando no tenemos nada que decir. Eso es fundamental. Igualmente toda palabra que consiste en decir su punto de vista sobre algo es anti-filosófica. Los griegos tenían una muy buena palabra para eso, es lo que llamaban la doxa y que ellos oponían al saber, aún antes de saber si el saber era algo existente: ¿hay saber? En todo caso sabemos que la filosofía no es la confrontación de opiniones. Entonces hablar no es yo diciendo, por ejemplo: yo, he aquí lo que pienso, y usted diciendo: bien, yo no pienso así.

En la medida en que usted es filósofo, usted rehúsa participar en cualquier conversación de este tipo, a menos que sea sobre lo insignificante. Entonces sobre lo insignificante es muy cómodo y alegre decir: tienes muy buena cara hoy, ¡no, no tengo buena cara, no me siento bien!. Eso es la doxa, el reino de la opinión, y también es la amistad. La amistad se forma al nivel de la doxa. Hacer filosofía es otra cosa, hacer filosofía es construir conceptos y eso solo quiere decir eso. A mi modo de ver es un camino de creación, los conceptos no existen, no están ya hechos, no son pequeñas estrellas en el cielo que tratamos de descubrir. Los conceptos son objetos de una creación y, una vez más, en la filosofía hay tanta creación como en la literatura o en la música, simplemente se trata de crear conceptos. ¿Conceptos que responden a quién? ¿Cuándo es necesario un concepto? ¿Cuándo está bien o mal hecho? No basta con que no sea contradictorio, de ahí la noción de consistencia, es necesario que un concepto sea consistente, pero ¿qué es la consistencia de un concepto? Cuando ustedes hablan de los grandes filósofos ustedes pueden numerar los conceptos que ellos han creado. Cuando digo cogito, esa no es una proposición eterna, no existía, es un concepto proposicional que ha sido creado, literalmente, por un filósofo llamado Descartes. Bueno, él ha hecho algo. Si toman el concepto de “idea”, es un concepto muy raro, extraordinario, no es un asunto de opinión. Es por eso que la filosofía implica un saber, es como en matemáticas, si usted no sabe lo que es el Cogito, si usted no sabe lo que es una idea, usted puede interesarse en la filosofía, usted no hace exactamente filosofía. Bien, el último año hablé de un concepto que está firmado por Bergson, que es el concepto de “duración”. Entonces, ¿qué es lo que quiere hacer? Si alguien dice: no estoy de acuerdo, es como si alguien dijera: no estoy de acuerdo con Matisse. De acuerdo, no estás de acuerdo con Matisse, bueno ¿a quién le molesta? ¿Qué quiere decir eso? Es un no-sentido. A menos que se me diga: tengo otro concepto, he creado otro concepto que vuelve a aquel otro ineficaz o inconsistente. Entonces, ¡ahí si! Pero en ese momento ya no es “yo no estoy de acuerdo”, es otra cosa".