martes, 4 de noviembre de 2008

Haiku o ni lo uno ni lo otro

Interesante conversación con alguien que controla de estos temas poéticos (yo, como bien sabe todo el mundo que me conoce algo, soy más prosaico). Me dice esta amiga (respondiendo a una pregunta mía) que un haiku es "un baile en el filo de un cuchillo". A mí que esto de la habilidad verbal me atrae irremediablemente y en todos los sentidos no me queda otra que pedirle que se explique y ella me aclara (por decirlo de alguna manera) que en primer lugar es un "baile" porque consiste en un equilibrio y que tiene lugar en el filo de un cuchillo porque una pérdida de ese equilibrio lleva a caer en uno de dos extremos que constituyen un fracaso del poema.

El haiku debe cumplir dos condiciones (más allá de las formales, claro está). En primer lugar, debe proceder de la experiencia directa y circunscribirse a un espacio de tiempo reducido. Es decir, se trata de apuntar a un "slice of life" significativo, que de alguna manera cause resonancias en el escritor que éste considere dignas de que el lector experimente. En segundo lugar, la exposición a esta imagen debe causar en el lector otra resonancia (lo más idéntica posible a la primera, dice mi amiga).

El baile, tal y como yo lo veo, tiene lugar entre lo concreto y lo abstracto, ya que la situación que yo evoco es infinitamente concreta y la manera más fácil que tenemos de provocar resonancias es con lo infinitamente abstracto. Yo no sé si a alguien más le causará tristeza ver un parque de atracciones abandonado (por poner un ejemplo estúpido) pero si sé que alguna tristeza particular resonará en el lector si escribo "tristeza". Este último es el camino fácil y que el escritor de haikus debe (palabras de ella, no mías) evitar. En los extremos, las construcciones abstractas se alejan de mi experiencia particular pero la transcripción directa de mi experiencia puede no provocar absolutamente nada en el lector (pensemos en esos momentos en que contamos a alguien un momento particular con todo lujo de detalles para que entienda algo que sentimos y tan sólo recibimos una mirada cuasi-bovina).

Como ejemplo, el haiku por excelencia, cortesía de Bashō:

Furuike ya / kawazu tobikomu / mizu no oto

Un viejo estanque / Se zambulle una rana / Ruido del agua